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MENSAJE DE WESAK

1941

La crisis mundial en todos los ordenes de cosas prevaleciente hoy hace imperiosa la consideración de la vida humana desde sus posiciones más rotundas y categóricas, penetrando hasta los estadios más profundos de nuestra naturaleza, a fin de lograr una mejor comprensión de nuestras situaciones así como un más decidido control y encauzamiento de nuestras íntimas energías y posibilidades, orientando de este modo nuestra existencia hacia realizaciones superiores.

El caos mundial no es sino un reflejo del caos individual; mejor dicho, lo que acontece en todo el escenario terrestre es una simple reproducción en mayor escala de las situaciones íntimas de cada individuo.  Cuando hablan las pasiones, los egoísmos o el criterio unilateral, no pueden prevalecer sino convencionalismos, prejuicios, vanidades, lujuria y en fin la más execrable turpitud o estulticia, que traduce en términos la ignorancia e incultura en que se debate nuestra especie. Todas estas desventuras del hombre, de la humanidad en resumen de cuentas, es una manifestación de la obvia condición de INCULTURA en que vive o vegeta, y por ende expresa sus propias inepcias, limitaciones y obnubilaciones.

La vida humana se complica por momentos y el individuo parece obstinarse en resistirse a creer que es el responsable ÚNICO de sus complicaciones, porque no quiere reconocer sus propias lacras e ignominias, o no puede sencillamente aprehender la causa de sus pequeñeces, mezquindades, torpezas, bajezas o impotencias.

No perdamos tiempo en inútiles consideraciones. Estos son momentos de crisis, momentos álgidos, y por ende de decisión, y no nos pueden sentar bien ni el ORGULLO ni el CAPRICHO. El enfermo no puede darse el lujo de la altivez cuando está putrefacto o moribundo por los males que le aquejan.... aunque los mismos males: sean de orden moral provocado por el encanallamiento de la conciencia esclavizada por la ignorancia.

La conciencia esclavizada por la ignorancia no puede actuar sino con dolor, de manera abyecta y complacida en la ignominia.

¿Qué pasa con el ser humano, que no puede o no sabe ennoblecerse y seguir derroteros de genuina dignificación y felicidad propia? Si podemos contestar esta interrogación, estamos en posesión de la SOLUCIÓN al mayor problema del mundo y entonces es dable atender a todas nuestras deficiencias. De hecho, quienes buscan su liberación subliminal y viven ávidos de una genuina superación íntima, sufren labores morales trascendentales, y son los más interesados en las cuitas que prevalecen en el mundo en las trágicas horas actuales. Las personas que no se preocupan por sus propias necesidades internas, ya sea porque estén demasiado atareadas en atender sus ambiciones instintivas, sus vanidades o sus prejuicios, no experimentan el prurito superlativo y por ende permanecen al margen de las exigencias subliminales, y entonces lo moral no significa para ellos absolutamente nada. La necesidad fundamental del hombre en la trágica actualidad, consiste en el DESPERTAR DE LA CONCIENCIA.

Aquellas personas que se hallan en el Sendero Espiritual comprenderán, sin dificultad, el alcance de esta implicación trascendental, pues el DESPERTAR DE LA CONCIENCIA no se provoca sino en quienes lo buscan de veras y se entregan con sinceridad a su autosuperación y autoiluminación, por medio del esfuerzo personal.

EL DESPERTAR DE LA CONCIENCIA, no puede operarse en nosotros sino a base de anhelos firmes y persistentes, esfuerzos perfectivos. No es algo casual.

Muchas gentes se figuran que el DESPERTAR DE LA CONCIENCIA se logra sólo con el empeño estudioso o por el sufrimiento. Esto es absolutamente erróneo, pues el dolor, sin la participación de la Conciencia, resulta una simple cuita o molestia sin trascendencia. Es que no hay verdadero dolor donde no hay responsabilidad moral.  En cuanto al estudio, tampoco sirve de gran cosa sí no se produce dentro de los requerimientos de la ética más dignificante, y entonces se convierte en simple pasatiempo, o en fútil atiborramiento intelectual. El conocimiento en el cual no participa la conciencia no se convertirá nunca en sabiduría, porque ésta se funda en la satisfacción moral, o mejor dicho en logros que se alcanzan solamente por medio de los triunfos de nuestro ser sobre las circunstancias por medio de su propia superioridad moral.

De hecho, la CONCIENCIA, descansa en conquistas y condiciones de sana ética, es decir, de motivos de dignificación, que en el lenguaje corriente se conoce por MORAL. Se refiere aquí naturalmente, la MORAL verdaderamente ennoblecedora del ser, no la moral convencional, hipócrita y circunstancial que ha venido sirviendo de base a los sistemas de religión y política.

El caos moderno, de hecho, se debe a la moral endeble de los hombres, a su raquitismo mental y en fin a su nulidad de conciencia. Verdaderamente, donde no hay genuina MORAL, no puede existir fortaleza mental, aristocracia de la inteligencia, ni mucho menos grandeza de conciencia.

     La falta de genuina MORAL es motivo de entorpecimiento de la CONCIENCIA y consecuentemente de fallas e ignominias MENTALES.

La MORAL bien entendida, pues, es el fundamento de la evolución humana, por cuanto sin ella no hay perfeccionamiento posible.  En efecto, no hay nada tan irrisorio como la pretensión a la vida ESPIRITUAL sin el fundamento de una auténtica MORAL dignificadora del ser. ¿Qué espiritualidad puede haber donde hay sólo turpitudes, bajezas, malignidad y estulticia? Precisamente, el ser humano ha venido viviendo confundido, en credos y cultos de obnubilación interna y de moral convencional o acomodaticia y el resultado son las miserias, la torpeza y la tragedia indescriptible en que se reduce la vida moderna, es un fárrago de pasiones, estulticia y vanidades incontenibles al servicio del instinto INCULTO o INCULTIVADO.

No es posible lograr positivas conquistas espirituales o alcanzar verdaderas condiciones de conciencia, sin CARÁCTER, y en sí el carácter se consigue a base de triunfos MORALES. Cada cual se caracteriza por los misterios y las aspiraciones que corteja, es verdad; pero lo que cuenta, en la formación de nuestro ser y en la formación y en la valorización de nuestra vida como individuos son nuestras DECISIONES. La decisión nos fija un rumbo, según la ORIENTACIÓN que nos seduce, agrada o conviene. En esto, evidentemente el ESTUDIO y el DOLOR pueden ser motivos normativos, elementos incitantes a la decisión; pero si no asumimos una posición bien definida y consistente, nuestros estudios serán puras vaguedades incoherentes; y nuestros sufrimientos simples trastornos propios de nuestras equivocaciones y sin mayores trascendencias que la necesidad de la recurrencia de la experiencia malograda.  De ahí la importancia de una orientación dignificante.

La DECISIÓN debe ser decisiva. Cuando se haga una decisión, debe ser como fruto de la ORIENTACIÓN escogida por nosotros mismos al calor de entusiasmos dignificantes. Cuando se tome una determinación en el sentido superlativo, debe ser de manera irrevocable y eterna. Una decisión caracterizada por el deseo, la necesidad y la aspiración ideal del perfeccionamiento propio, no debe ser fugaz ni fofa, pues de otro modo carece de trascendencia, y entonces sería una simple ILUSIÓN o un GESTO de vanidad. Una decisión no mantenida hasta conseguirse el triunfo perseguido, es en realidad un motivo de debilitamiento interno. Una decisión debe ser motivo, más bien, de afianzamiento de nuestras facultades y de esfuerzos consistentes de positivo fortalecimiento interno.

La DECISIÓN mantenida no solamente dignifica el ser, sino que cultiva la VOLUNTAD y proporciona motivos de superación. Esto es, sustancialmente, lo que entendemos por MORAL. La MORAL, en realidad, bien entendida, nos perfecciona, engrandece y enaltece. Sin ésta, somos simples víctimas de nuestras ilusiones y nos entregamos a gestas hipócritas y vanidosas sin trascendencia. La verdadera MORAL, como bien se ve, es transformadora del ser, y tiende a DESPERTAR LA CONCIENCIA.

Nada debilita tanto como la DECISIÓN no mantenida hasta el completo logro de lo perseguido. Una decisión triunfante se convierte en PODER MORAL, PODER DE CONCIENCIA Y PODER ESPIRITUAL, porque el PODER MORAL promueve el DESPERTAR DE LA CONCIENCIA, y el PODER DE LA CONCIENCIA da el fundamento de todo PODER ESPIRITUAL.

Hacer una DECISIÓN y persistir con nuestras vanidades, nuestros prejuicios y nuestras torpezas convenienciosas, es dar muestra de inconsistencia MORAL y en tal sendero se va directo al fracaso ESPIRITUAL, porque lejos de propender a nuestra propia SUPERACIÓN PERFECTIVA sólo asistimos a nuestro ORGULLO, nuestra VANIDAD y nuestros CAPRICHOS, es decir, contra todos los fundamentos de la CONCIENCIA.

Es recomendable, pues para quienes siguen la ORIENTACIÓN ENALTECEDORA que hagan DECISIONES definitivas verdaderamente, a fin de evitar toda pérdida de tiempo y futuras desilusiones y que no se formen esperanzas de índole superior si no llevan el sano e inconfundible propósito de lograr por todos los medios posibles el DESPERTAR DE CONCIENCIA en sí propio.

El CONÓCETE A TI MISMO délfico se convierte ahora en ESFORZATE EN SER TU MISMO, pues de otro modo no hay posible SUPERACIÓN ni conquistas trascendentales.

El momento trágico que vive la humanidad merece una atención especial. No se trata ahora de un momento o de fenómenos de TRANSICIÓN, sino de una crisis final que reclama una función, y una actitud DECISIVA.

Los argumentos metafísicos y las argucias teológicas pierden ahora toda su significación fácil y arrogante de otras épocas. La crisis natural da carácter trágico a los imperativos íntimos de la naturaleza humana. Sería torpe y de criminal ocio el tomar a la ligera esta situación caótica en que se desenvuelve el mundo presentemente, pues no se trata ahora de simples problemas mundanos o de índole circunstancial, sino en realidad de situaciones o condiciones incógnitas del hombre.

La gravedad del momento histórico señala de hecho una sola cosa: LA IMPOTENCIA DEL HOMBRE FRENTE A SUS PROPIOS PROBLEMAS. La violencia de las pasiones exaltadas y los odios en competencia bajo distintos disfraces más o menos idealistas no resuelven en realidad los problemas humanos, porque ni siquiera los enfocan. La condición de la humanidad en los actuales momentos se debe primordialmente a la FALTA DE CARÁCTER, y consecuentemente al EMBOTAMIENTO DE LA CONCIENCIA, que se traduce necesariamente en OBNUBILACIÓN ESPIRITUAL.  Así, todos los problemas se complican y el hombre se ve enfrentado consigo mismo sin poder resolver nada y sin atinar siquiera en comprender lo que le acontece.

Créase o no, la IGNORANCIA hace sus estragos en el hombre ahora más que nunca, porque ahora se utiliza la inteligencia para motivos convencionales y no para fines enaltecedores, en fin, sólo para satisfacer circunstancias y no de trascendencia Espiritual, y ésto se debe a la tremenda INCULTURA que prevalece en la actualidad.

Se suele hablar de trascendentales designios y forjar divinales ideales; pero pocas gentes están dispuestas a pagar para ello el debido precio, que consiste, primordialmente, en sacrificar las VANIDADES, desechar los PREJUICIOS, vencer las ILUSIONES y sobre todo hacer esfuerzos de auto-consagración MORAL. No es de sorprenderse, pues, sí la vida humana se vuelve cada vez más trágica, caótica e insoportable.

El Nuevo Año que se inicia ahora (WESAK) tiene lugar en circunstancias cósmicas muy especiales. Por una parte la entera humanidad está empeñada en una GUERRA FRATICIDA Y DESTRUCTIVA, burda, que revela el extremo de INCULTURA que prevalece en el mundo, y loca, que indica perfectamente la condición morbosa en que se desenvuelve la vida humana. Por otra parte, ocurre un fenómeno celeste, astronómico, excepcional, que no puede dejar de repercutir en las cosas de este mundo. Es que en realidad, estamos asistiendo a las labores propias de una transformación de la vida humana. La crisis del momento responde en efecto a imperativos absolutos de la CONCIENCIA, o si se prefiere de la naturaleza íntima humana, que no es del todo ajena a las condiciones y los ciclos de la vida del cosmos. En ésto, lo humano se confunde con lo ecuménico, bien entendido.

     Se está gestando una NUEVA ERA, la era Aquaria. La humanidad debe atenerse ahora a grandes cambios, tanto en sus modus vivendí como en sus ideales y sus creencias tradicionales.  La crisis que acusa la guerra mundial, cuyas proporciones gigantescas amenazan con acabar con todo el patrimonio humano y con la misma humanidad, revela de hecho que la vida no puede ya desenvolverse en el mismo sentido que hasta ahora. Las tradiciones han demostrado su inutilidad; las revelaciones manifiestan sus inconsistencias; las instituciones consagradas por el tiempo su injustificabilidad, y, en fin, los principios apostasíados por muchas generaciones de esforzados moralistas, sus, inconsistencias y absoluta carencia de fundamentos trascendentales. 

Este WESAK, por lo tanto, viene a marcar un hecho significativo en la historia humana, pues caracteriza el moderno RENACIMIENTO ESPIRITUAL que venimos anunciando con inusitada insistencia desde el ano 1939.

No es el momento de dejarse abatir por la crudeza de las vicisitudes que confrontamos en estas tristes grávidas de peligros para todas las intenciones sanas y dignificantes. La tragedia que enluta hoy al mundo entero no debe convertirse en psicosis de impotencia; aunque la violencia se enseñoree del mundo y siembre por doquiera la destrucción y el odio, no debemos permitir que el Espíritu se hunda en el caos de la desesperación. Hay un ritmo de vida que puede ayudarnos a evitar los abismos fatídicos, creados por el instinto exaltado y las pasiones insurrectas, y es que debe guardar el Espíritu que acompasa su existencia con los imperativos universales. No cometamos el error de convertir el Espíritu en subalterno de las incidencias materiales e históricas; impídamos que se contamine nuestra naturaleza íntima con los beleños y las ponzoñas de la animalidad ahíta de libertades inmerecidas y enloquecida por sus irreprensibles lascivias.

El gran drama humano de la hora actual no se ha de definir en los campos de batalla ni en el número de artefactos de guerra; tampoco depende del número de soldados que haya en pie de combate, ni en las tradiciones o doctrinas idealistas que se invoque.  La guerra actual, en realidad, no es económica ni racial, ni siquiera ideológica y no se trata de hacer triunfar una postura política sistematizada determinada, llámese TOTALITARISMO o DEMOCRACIA, tampoco implica la superposición de este o aquel sistema de religión, llámese CRISTIANISMO, ISLAM, JUDAISMO o BRAHAMANISMO.  La crisis actual tiene orígenes más hondos en el magma humano, es decir, en la CONCIENCIA, y sus imperativos lo mismo que sus trascendencias son de índole Universal ecuménico.

Lo que se debate en esta cruenta saturnalia, es el derecho del Espíritu a ser y actuar según sus condiciones trascendentales. La materialidad no tiene otro recurso, ahora, que entregarse a sus orgías finales y exacerbarse con sus propias limitaciones e impotencias, pues ha llegado al paroxismo del dolor y a la desesperación que marcan la ineptitud del hombre frente a sus propios problemas. Hasta ahora, el hombre ha preferido vivir, o mejor dicho vegetar, al impulso y compás de sus instintos, los cuales a veces se ha ingeniado en hipostasiar a fin de justificar sus torpezas, sus cinismos y sus iniquidades, vistiendo así con visos de Divinas Verdades sus lacras, su estulticia y su incultura.

El día de hoy, de hecho, marca el comienzo de un nuevo impulso histórico, pues da carácter sustancial e incisivo al RENACIMIENTO ESPIRITUAL que venimos propugnando, mediante la acción decisiva del ESPIRITU.

A fin de beneficiar más de este nuevo orden de cosas bajo el influjo poderoso de los Planos superiores, se recomienda la MEDITACIÓN, tomándose en cuenta sobre todo las actitudes ya indicadas a este respecto.

No hacemos recomendaciones de PAZ, porque sabemos que sería inútil. Tampoco creemos necesario perder tiempo alguno en solicitar más interés y entusiasmo hacia el moderno RENACIMIENTO ESPIRITUAL, pues nadie puede comprender sino aquello que está a su alcance y que es de su propia condición o estatura.

En una época como la actual, cuando nadie piensa sino en sus propias conveniencias en el sentido egotista más reconcentrado, resulta fútil toda admonición de carácter IMPERSONAL, en primer término porque no entienden el sentido de este vocablo. IMPERSONAL no implica anti-personal, sino simplemente de índole y significación UNIVERSAL. Todo lo que no se funde en lo UNIVERSAL, es decir, que no atienda a necesidades e imperativos generales de la naturaleza, es ajeno a los principios de la vida, y por ende es circunstancial, torpe y egoísta. Lo IMPERSONAL, en realidad, caracteriza la verdadera ESPIRITUALIDAD; todo lo que se diga o haga en nombre de ésta sin el aludido fundamento, es irrisoria y bastarda ilusión.     

Estos no son momentos para la TRAICIÓN ESPIRITUAL, pues quienes cometen la torpeza de creer que pueden seguir engañándose a sí mismo o a los demás, están en el error más que nunca, pues aunque no lo comprenda así la generalidad de los seres vivientes, los VALORES ESPIRITUALES están destinados, en esta nueva Era, a triunfar sobre las mezquindades, vanidades y estulticias humanas. Es de beneficio propio, pues, para cada cual, el trascender sus propias deficiencias, taras ancestrales; prejuicios tradicionales, ilusiones circunstanciales y pasiones de todas clases incidentalmente promovidas.

EL PODER ESPIRITUAL se logra a través de los TRIUNFOS MORALES, los cuales, como queda enunciado, están supeditados a nuestras DECISIONES INTIMAS sostenidas con sentido de plena responsabilidad dignificante.

EL PODER ESPIRITUAL, por otra parte, no consiste en sumarse a tal o cual organización de carácter religioso o político, ni tampoco el hecho de creer en éste o en aquel ideal o principio, sino más bien en lograr una actitud mental digna y en vivir consciente e inequívocamente. La verdadera ESPIRITUALIDAD depende, en efecto, del grado de DESPERTAR DE LA CONCIENCIA que se haya logrado, y sin ésto, toda pretensión de vida superior o de índole supraterrestre es burda presunción de ilusos o alarde irreverente de fantoches irresponsables, que son tal vez perversos o criminales.

Cumplimos con nuestro deber Espiritual, una vez más, librando nuestro Mensaje anual al mundo, con la íntima convicción de que esta vez, avecinándose trascendentales cambios en el mundo, la GRAN FRATERNIDAD UNIVERSAL BLANCA, que encarna los valores trascendentales de la vida en quienes han sabido merecer el privilegio moral de integrarla, actúa en la plenitud de sus capacidades, facilitando la evolución humana en el sentido aquí expuesto.

Para terminar, haremos el requerimiento a todos los sinceros interesados en estos Valores, en el sentido de afinarse íntimamente para LA COMUNIÓN MÍSTICA correspondiente a esta época, y repetimos nuestra Bendición Universal.

  1. K. H.

Lord Abbot

Aghartha